Miriam y Nicolás, los “serruchos” El Código

Manuel Fernando López

Chingan de ida y de vuelta como el instrumento en mención; sólo que éste, diestramente movido por las manos hábiles del carpintero o artesano en turno, sirve para crear algo útil para la mejor existencia del hombre, nunca para lastimar o hacer daño alguno.
No ocurre así con un par de asaltantes –obviamente acompañados por demás secuaces—quienes a plena luz del día y, por supuesto –más a gusto aún – en las noches, estacionados desde hace años en la estación de “robo” –perdón, de cobro—en la salida de Hermosillo, de nombres Mirian Salgado y Nicolás Machorro.
El saqueo a los automovilistas, so pretexto de “con lo que guste cooperar…” se ha convertido en su modus operandi y vivendi desde hace tiempo, ensuciando y denigrando la verdadera lucha de los integrantes del Movimiento por el Libre Tránsito por Sonora, donde su vocero es Alfonso Cannan Castaños y, ha sufrido insultos junto con varios de sus compañeros, gracias a estas lacras.
Mientras Miriam Salgado utiliza el serrucho contra los automovilistas que transitan del norte hacia el sur, su cómplice, Nicolás Machorro, tiene la “concesión” en sentido contrario: negocio redondo en toda la extensión de la palabra y, sin tener que rendir cuentas fiscales al SAT ni a nadie; al fin y al cabo en la 4T “hace mucho acabó la impunidad y la corrupción”.
Debido a estos hampones que no soportan una esculcada respecto a la situación económica que tenían, antes de interesarse por encabezar esta “causa noble” –para ellos, por supuesto– y, la que ahora ostentan, es que muchos, mejor dicho la mayoría de candidatos a diversos puestos de elección popular, ni siquiera se dignan de escucharlos, a sabiendas que las facturas a pagar por estos vividores va a ser muy cara en sus aspiraciones.
“Esta es la triste realidad Fernando” me comenta precisamente Alfonso Cannan, quien junto a sus compañeros, si puede dar cuenta ante cualquier autoridad de cada peso que los automovilistas, éstos, si en forma voluntaria, para su lucha.
Llegó el infierno del calor y, quizás estos pillos y compañía, ya llevaron aparatos de aire a las instalaciones de dicha caseta, pues no es nada fácil su “sacrificio”.

Así como pues.

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