El Código “Tiempo de abrazar y tiempo de mantenerse alejado de los abrazos” Eclesiastés.

Manuel Fernando López

Lo miré desde la calle, desde lejos; contemplé sus ojos y, vi en ellos el horror, la angustia conectada a un tanque de oxígeno, sin más compañía que la soledad y el silencio; el mismo que está hecho de palabras.
Me vio, supo y sabe que lo quiero; más aún: mi alma pecadora reza por él: quiera mi Dios, libre esta batalla contra el horror de este siglo; un horror que la Biblia, sobre todo cuando menciona a los cuatro jinetes del Apocalipsis lo supo incluir montado en el caballo amarillo : al que monta el jinete de la muerte.
El rojo es montado por la guerra, el negro trae el hambre, ¿y el blanco quién lo monta?; nada menos que el alfa y omega, el principio y fin: Jesucristo.
Lo vi – a mi amigo—en su cama, sobre él , cobertores; con muchas ganas de ir y abrazarlo, sacarlo de ahí; brindarle una cerveza, escuchar música, divertirnos galopando en la pradera de los recuerdos; pero el monstruo nos ha prohibido los abrazos, el calor de ser humanos .
Ayer tarde, con base en lo anterior, corrí a abrazar y besar a mi esposa, a mis hijos; decirles a mis hermanos, a mis sobrinos y amigos que mi alma llora y reza por todos y cada uno.
El periodismo es un monstruo que me sigue desde hace mucho tiempo, no me suelta; no todo es el acontecer sobre la política, un oficio pervertido y , al cual Ernesto Gándara Camou desde hace rato le trajo dignidad y, sobre todo humanidad, calor.
Oremos por todos .

¡Alea jacta est!.

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