El Código Que grotesco

Manuel Fernando López

Alguien debe recordarle a Alfonso Durazo Montaño, que ya no es el secretario de Seguridad Pública Federal y, dejar atrás esos desplantes de prepotencia en la Sociedad Sonorense de Historia, para ratificar ante la plana mayor de Morena y, con la presencia de un muy criticado Mario Delgado como dirigente nacional sus intenciones de ir por la gubernatura de esta entidad que ciertamente como la mayoría en el país requieren de certeza tanto en lo económico como en lo social.

Aunado al mal inicio el día de ayer, lastimaron a muchos reporteros porque era necesario “registrarse” para poder acceder al encuentro con el ex padrecista –y ex todo, con tal de pegarse a la ubre—con el mediocre reportero de Humberto Calixtro, algo inédito en el largo caminar periodístico de quien esto escribe.

Bueno, tampoco es de extrañar toda esta mezcolanza por parte de quien al frente de Morena en la entidad supo atraerse a la causa a cuanta ralea encontró, sin importar sus pasados: la clave no era calidad, sino cantidad.
Lo demás, lo sabemos a la perfección: el arribo de mucha basura a diversos puestos de elección popular, desde presidentes municipales y, ¡por supuesto!, infinidad de rufianes investidos como diputados al Congreso del Estado – con muy, pero muy pocas excepciones—quienes ahora para envidia de los chapulines, buscan por todos los medios brincar a otras ramas para seguir mamando de la generosa teta que les dio AMLO.

Si no basta observar a tres ejemplares de rapiña, cinismo y nepotismo brutal en su quehacer político : Rosario Quintero, Sara Valle Dessens y el orangután de Ciudad Obregón, Sergio Pablo Mariscal y, los tres, ¡obviamente! con la intención de reelegirse porque el “pueblo bueno y sabio” ya decidió volverlos a elegir y, ante la voluntad popular, nada que oponer.

Ayer, teniendo como fondo a un mariachi, casi echaban sus lujosos carros oficiales sobre quienes se atrevían a interponerse en sus caminos rumbo otra vez al Olimpo de Morena, mientras sus ciudades en la inseguridad más brutal de que se tenga memoria en la historia.
Mal inicio Alfonso, mal inicio.
¡Alea jacta est!.

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