El Codigo, Claudia, frívola e insensible

Manuel Fernando López

Llegó con altas expectativas al gobierno estatal –todo se lo debe a Manlio Fabio, afirmó en cierto momento, olvidando a los electores—y, a estas alturas, cuando el dios Cronos, le cuenta las horas y minutos que le restan al frente del Olimpo sonorense y, a la vez el pase de factura –“nos pasarán la cuenta” canta Patxi Andión – la gobernadora debería mirar hacia adentro de su equipo y darse cuenta de cuantos de sus funcionarios de su primer círculo le están jugando las contras a favor de Morena.
Expectativas con las que engañó a los ciudadanos –“es que andábamos en campaña…”—siendo una de las principales, una persecución implacable contra su antecesor Guillermo Padrés Elías, quien finalmente salió riéndose de prisión, sin que el pueblo – siempre el eterno “pagano”—haya visto un solo peso de lo robado.
El “Otro Sonora ya”, se desinfló como un globo; quizás no lo sea para tanto oportunista, parientes y compadres enquistados en su gobierno, amén de una prensa a modo para aplaudirle como las focas en cautiverio cuando les arrojan peces y saciar su hambre ancestral; reporteros que en estos momentos tiemblan ante el final del sexenio y la posibilidad que el nuevo gobernador no sea partícipe de sus ambiciones y lambisconerías.
Olvidó la señora al, a “su” partido, el PRI, al que tanto le debe –¡todo!—desde aquella regiduría, luego la diputación local, después vino la senaduría – donde el acarreador de votos fue sin duda, Ernesto Gándara Camou—y, finalmente el sueño dorado de la gubernatura, donde la pandemia le vino “como anillo al dedo”, porque cero obras, cero infraestructura.
La militancia priísta, esa a la que en tiempos electorales abrazan todos –incluyendo a chamacos mugrosos—en aras del ansiado voto, fue olvidada por Claudia Pavlovich Arellano: es un recuerdo lejano y, más el PRI, cuya franquicia le ayudó a llegar a donde hoy se encuentra.
El partido –PRI—donde ahora vaga como fantasma “El Pato” de Lucas, fue olvidado por la gobernadora en todos los sentidos; así como el cangrejo ermitaño que nomás utiliza cascarones para vivir: ingratitud total a la militancia que si se gasta las suelas de los zapatos, convencida y leal a una causa; hoy, olvidada por la emperatriz –perdón, la gobernadora—de Sonora.
Llegó la factura señora: cuando venga la revisión en todos los sentidos de su transitar , su estadía en el Olimpo y, la realidad se imponga, verá cuan endeble es la condición humana –sobre todo la de sus colaboradores del primer círculo que de día le aplauden y se arrastran por usted, pero cuando les da la espalda arrancan a postrarse con las huestes de AMLO—y, se dará cuenta cuán rápido pasaron los años.

“¡Sic transit gloria mundi gobernadora!”.

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