La construcción de un nuevo proyecto de Universidad

Por Dr. Carlos Germán Palafox Moyers

A mediados de marzo, y prácticamente de un día para otro, los docentes y estudiantes, en México y Sonora, se vieron inmersos en un nuevo escenario: la educación a distancia debido a la pandemia del coronavirus. Sin previo aviso, millones de alumnos se encontraban en sus casas y toda la comunidad educativa (incluidas las familias) tuvieron que involucrarse en un modelo educativo a distancia.

Al finalizar el ciclo escolar, y a días de iniciar un nuevo curso, cabe preguntarse: ¿ha funcionado la educación a distancia, en todos los niveles y especialmente en la educación superior, durante la pandemia? Por el momento no se tienen indicadores que permitan realizar una evaluación clara del nuevo proceso educativo. Sin embargo, para muchos maestros este proceso no ha funcionado del todo bien bajo el argumento de que la educación en línea no funciona para educar.

Cualquier persona que haya impartido un curso, en cualquier nivel educativo, sabe que nada puede sustituir a la humanidad de la maestra o maestro en el aula y que el apego emocional que se crea con y entre los estudiantes dentro del ámbito presencial es realmente difícil de alcanzar en un proceso educativo a distancia. Estos lazos educativos presenciales dan confianza a los alumnos que se sienten en desventaja en el proceso de enseñanza, y la fortalecen en aquellos alumnos que ya la tienen.

Por otra parte, la pandemia ha puesto en evidencia las carencias de un sistema educativo presencial que no ha suministrado de suficientes recursos ni de formación al cuerpo docente para una situación como la que se está viviendo.

Sin un modelo definido, los docentes de los diferentes sistemas educativos y especialmente de la Universidad de Sonora han tenido que adaptar los contenidos a la educación a distancia en tiempo récord, haciendo uso de todas las herramientas para comunicarse con los alumnos o realizar tareas en línea que, en algunas ocasiones, nunca se habían utilizado. Esto es, ni los estudiantes están preparados tecnológicamente, ni la planta de maestras y maestros dispone de la formación necesaria para pasar del modelo presencial al virtual. Además, ni los temarios ni libros de textos están adaptados a un cambio de modelo y, por otra parte, en muchos de los casos las autoridades educativas se encuentran paralizadas ante el fenómeno de la pandemia, sin marcar los lineamientos del nuevo modelo educativo en el futuro cercano.

Sin duda, estos días de inicio de clases girarán en torno a la confusión y la incertidumbre, ya que una parte importante de docentes de la Universidad de Sonora no estamos acostumbrados a la educación a distancia. Por lo tanto, es normal que cometamos algunos errores que provienen de los hábitos adquiridos en la educación presencial. El primer paso para solucionarlos es, por supuesto, conocerlos y enfrentarlos.

Sumado a lo anterior, y a la falta de experiencia para trabajar en entornos en línea, las maestras y maestros también se ha encontrado con otros problemas: mayor carga de trabajo y estrés por la realización de las tareas diarias o una permanente conectividad que ha hecho más difícil la compaginación con todo el entorno de vida familiar. El mayor tiempo de conectividad está robando tiempo para otras actividades y no sabemos los efectos que pueda ocasionar en el futuro cercano.

Además, a estas cuestiones hay que añadir el problema de la brecha digital. Para el caso de Sonora, el 80% de los hogares cuenta con conexión a Internet, por encima del promedio nacional. Sin embargo, muchos de ellos solo cuentan con una computadora para toda la familia o los equipos informáticos no son los adecuados.

¿Y los estudiantes?

En primer lugar, preocupa el ambiente familiar en el que algunos estudiantes se encuentran actualmente, caracterizado por numerosas carencias y realidades como la violencia, la enfermedad o la falta de una estructura social que los apoye y que los sitúa en entornos difíciles que no permiten dar respuesta a lo realmente importante, su bienestar.

En segundo lugar, en la mayoría de las instituciones educativas, incluyendo la Universidad de Sonora y su programa fallido de tutorías, se ve al estudiante como un expediente más y no se buscan otras reflexiones, lo que levanta un muro difícil de derribar sobre las características individuales de los alumnos y sus familias.

En este proceso, tan difícil para el alumno y su familia, el estudiante pasa a ser el centro de la formación con destrezas y actitudes de comunicación autónomas; y el docente es un guía y un facilitador del aprendizaje y del conocimiento, en vez de un elemento central en la transmisión del saber.

Sin embargo, los agentes de la formación en línea (estudiantes, docentes, instituciones) en un momento dado se percatan de que no basta con cursar formación, proporcionar o disponer de un entorno virtual de aprendizaje, un material de aprendizaje y un tutor o formador que conozca la materia.

Existen, además, otros elementos, unos que hay que incorporar y otros que es preciso evitar, que influyen en gran medida en cómo se siente el estudiante más allá de los recursos, y en cómo percibe que su aprendizaje sea adecuado y a la vez satisfactorio.

El día lunes 10 de agosto iniciamos el proceso educativo en la Universidad de Sonora con diversas plataformas que buscan promover una educación más personalizada para los estudiantes, lo cierto es que todavía queda mucho por hacer en el ámbito de la educación a distancia. Sin duda, este gran reto permitirá ver con mayor claridad un nuevo proyecto institucional que necesita la sociedad sonorense y especialmente nuestros jóvenes, que son el gran tesoro de cualquier sociedad.

En la próxima entrega se abordará la propuesta de un nuevo proyecto educativo para la Universidad de Sonora.

  • Docente-Investigador del Departamento de Economía de la Universidad de Sonora y Presidente del Observatorio Ciudadano de Convivencia y Seguridad del Estado de Sonora.

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