El Codigo “¿Qué tan justa fue doña Justa…

Manuel Fernando López
…siendo justa?.

La frase en realidad está dicha en género masculino y, fue mi amigo, el abogado Jesús Manuel Velderrain Enríquez, quien me la hizo llegar recordando a su señora madre, que de menudo se la recitaba cuando el tema justicia salía a relucir en el ámbito familiar.
Lo anterior con base en una columna de un servidor titulada “¡Estos son ovarios Célida!”, en alusión a la medida consistente en paralizar toda actividad a las seis de la tarde, prácticamente un toque de queda en el municipio sonorense y, que obviamente generó todo tipo de reacciones, tanto en pro y en contra como es natural.
Más allá de preceptos legales, ojalá que tal medida haya impactado en pro de la salud ciudadana y, más con la actitud reacia, terca y obstinada, tanto de jóvenes como de adultos de cumplir con los protocolos recomendados a raíz de la pandemia que nos azota a nivel mundial.
En el derecho existe un adagio: “En ocasiones lo legal no es justo y, en otras, lo justo no es legal” que encierra la decisión tomada por la alcaldesa en un tiempo tan difícil como el actual; quizás haya sido más fácil para el bíblico Noé, meter al arca a tantísimo animal que para este gobierno meter a sus casas a tanto animal (racional, coste).
“¿Qué tan justa fue doña Justa siendo justa?”; esto lo dirán las estadísticas en su momento, porque ciertamente no se vale que mientras muchos cumplimos con el protocolo sanitario, otros irresponsables pisotean la memoria de miles de muertos por este virus que vino a trastocar nuestra lectura sobre el apocalipsis, donde es recurrente el fuego eterno para atormentarnos.
Hoy, de nuevo “doña Justa(Célida López ), tomó la decisión de extender el horario hasta las nueve de la noche para reactivar la golpeada economía del municipio; ojalá y, los ciudadanos sean, seamos conscientes de esta medida que a la par del beneficio económico, hace “feliz” al microscópico monstruo que sigue segando vidas con su sangrienta y silenciosa guadaña.
“Que nunca llegue el rumor ni la discordia”, reza en el frontispicio del teatro Degollado de la hermosa Guadalajara, Jalisco y, por desgracia ambas entidades se han convertido en el pan nuestro de cada día, cuando deberíamos hincar la rodilla y doblar la cerviz porque nuestro tiempo en la tierra se va desgranando ante el ángel de la muerte.

“¿ Qué tan justa fue doña Justa siendo justa?
El tiempo, ese que ya no tenemos, lo dirá
“¡Alea jacta est!.

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