El Código “Son los peores…”

Manuel Fernando López

La voz popular raras veces se equivoca –soy un convencido de que nunca—y, menos cuando se trata de personajes de doble moral, hipócritas, que en el día le rezan a Dios y, al caer la noche bailan con el Diablo.

Luego, al día siguiente, parafraseando “La Fiesta”, cantada por Joan Manuel Serrat; cada cual, tras el aquelarre, vuelven a sus respectivos quehaceres, hasta que de nuevo “El demonio del mediodía”, los llame a rendirle tributo.

Este personaje en mención tiene nombre y apellido, así como una historia de voraz depredador contra los hermosillenses, que en mala hora emitieron su voto a favor de Manuel Ignacio Acosta Gutiérrez, “el maloro” – en realidad fue “el malora”, por todas las raterías y connivencias con los verdaderos dueños del poder en esta ciudad donde el o los alcaldes en turno deben plegarse a sus caprichos, para seguirse enriqueciendo sin piedad a costillas de los hermosillenses.

Pero bueno, este sujeto cuyo tamaño físico es inversamente proporcional a su rapiña, “ha visto la luz”, así como Saulo de tarso en el camino a Damasco y, ahora arrepentido –¡aja!—de su vergonzozo pasado, anuncia la buena nueva: desde ya, deja el mundanal terreno político, para emprender el camino purificador de su alma arrepentida, convirtiéndose en misionero; siendo Cuba su primer destino para salvar almas y, ofrecerlas al Señor.
¡Aleluya!, agradezcamos a Dios, que este pillo de siete suelas, que dejó temblando las arcas de Hermosillo, emprenda el difícil camino de salvar su alma, antes de salvar la de otros seres humanos que ninguna culpa tienen que este sujeto, más peligroso que el corona virus, haya puesto sus ojos en ellos.

Ya entrados en gastos y, en aras de ayudar a los cubanos, que empiece a devolver un poco de lo robado.
Estamos salvados hermanos.

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