La guerra comercial inició en este 2018

Las guerras comerciales no es más que la adopción de una o varias naciones de aplicar barreras comerciales o altas tarifas de pago con uno o varios países en su relación comercial. Los efectos no son nada halagador para quienes se enfrentan en una guerra comercial.

Esto viene a colación ya que el Presidente D. Trump ha levantado la espada, nuevamente, invocando que habría una guerra comercial de forma directa y en su cuenta de Twitter, al más puro estilo Trump. El día de ayer miércoles el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Rosse dio la noticia de la aplicación de aranceles al acero y al aluminio, y cayó como un balde de agua fría en México y Canadá, en plenas y difíciles negociaciones para reformar el Tratado comercial. Nuevamente, como sucedió hace algunos meses, el presidente se jactó de que Estados Unidos tiene todas las de ganar en un enfrentamiento comercial.

Para las delegaciones de México y Canadá han sido meses muy difíciles para negociar bajo la amenaza constante de ruptura de los Estados Unidos ante el TLCAN. Pero lo que sucedió en esta semana, la aplicación de aranceles, la situación se vuelve aún más compleja. La tensión se ha disparado al máximo: sin grandes avances en los asuntos más complejos de la negociación; la imposición de tarifas arancelarias y la puerta abierta a una guerra comercial, se puede interpretar como un ataque a las conversaciones sobre las negociaciones del tratado. Canadá sería el principal afectado por las medidas proteccionistas de Washington sobre el acero y el aluminio, que entraría en vigor este viernes primero de junio. México, por su parte, es el cuarto mayor exportador de acero a EE UU, tras la propia Canadá, Brasil y Corea del Sur, y también sería uno de los afectados.

México y Canadá serán sometidos a un arancel del 25 por ciento a sus ventas de acero y de 10 por ciento al aluminio, toda vez que no hubo suficiente avance en las negociaciones para renovar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). La advertencia de Trump se hizo realidad al no llegar acuerdos sobre el Tratado. El pasado 8 de marzo, el presidente estadounidense había firmado la orden que impone las tarifas sobre metales procedentes del exterior; pero dio un plazo a la Unión Europea, Canadá y México, hasta este 31 de mayo, para negociar y ver la oportunidad de recibir concesiones de contraparte. Sin embargo, no se pudo llegar a un común acuerdo.

D. Trump prometió desde candidato dar la batalla contra el déficit comercial de Estados Unidos, es decir, la diferencia negativa entre lo que exporta y lo que importa. Ese desequilibrio suma más de 550.000 millones de dólares y él presidente lo señala como gran mal del sector industrial estadounidense y de la clase media. China, que supone el grueso de ese desfase (375.000), está en el centro de sus desvelos, pero inmediatamente después aparece la Unión Europea (151.000).

En el documento firmado por el mandatario Donald Trump sobre la decisión implementada por su administración, explica que todo surgió a partir del 19 de enero de 2018 cuando el Secretario de Comercio le informó sobre “el efecto” que las importaciones de artículos de aluminio tenían en la seguridad nacional de Estados Unidos.
Con este cubetazo de agua fría, seguramente, las conversaciones entran en una fase de tensa calma o en el extremo de rompimiento. Lo que resulta evidente es que se trata de una fuerte presión para que México acepte todas las condiciones de los Estados Unidos

Como ve el Gobierno delos Estados Unidos la aplicación del arancel

Para el secretario de Comercio, Wilbur Ross, defendió y minimizó el posible impacto sobre el acero y aluminio importado de China, Alemania, Canadá o México. Señalo “El motivo por el que tenemos que hacer esto es que ellos no solventan el problema de la sobrecapacidad en la competencia desleal global” y puso como ejemplo una lata de sopas Campbell para restar gravedad al arancel: En dicho bote, dijo, “hay acero por valor de 2,6 peniques. Si sube un 25%, eso son seis décimas partes de un penique… Acabo de comprar esto en el 7 Eleven y costaba 1,99 dólares. ¿A quién en el mundo le va a molestar?”(El país).

Pero el comercio del acero y del aluminio va más allá de unos cuantos peniques. Estados Unidos es el país importador de acero más grande del mundo. De acuerdo con datos de Reuters, el país vecino compró 35.6 millones de toneladas de esta materia prima para la construcción a lo largo de 2017.Los principales países exportadores de acero a Estados Unidos y que posiblemente estén en riesgo de modificar su papel en la industria son.
Canadá (16.7%); Brasil (13.2%); Corea del Sur (9.7%) y México (9.4%). Estos cuatro países exportan casi el 50% del total de acero que demanda los EE.UU.

El Departamento Federal de Energía afirma que la industria siderúrgica se está recuperando tras el desplome que siguió a la crisis financiera de 2008.Pero ahora es mucho más débil de lo que era cuando comenzó el siglo. En el año 2000, EE.UU. produjo 112 millones de toneladas de acero, una cifra que cayó hasta los 86,5 millones de 2016.
Además en el año 2000, eran 135.000 las personas empleadas en el sector y en 2016, la cifra ascendía a 83.600 trabajadores. Por ello Trump prometió reconstruir la industria siderúrgica nacional, que cree fue descuidada y maltratada en los últimos años por los gobiernos que le precedieron y la competencia de China. Para el gobierno de D. Trump las importaciones de acero amenazan con deteriorar la seguridad nacional y con ello justifica su política comercial.

Con el anuncio de los aranceles, el país vecino, avanza hacia la ejecución de la política proteccionista que ha venido apuntando en sus discursos. La reciente introducción de restricciones a la importación de lavadoras fue un primer paso. Hay que recordar que el gobierno de Trump impuso elevados aranceles a las importaciones de lavadoras y paneles solares y el gobierno mexicano ni siquiera chisto.

La última vez que Estados Unidos impuso aranceles sobre el acero fue en el año 2002, el entonces presidente George W. Bush los suprimió al cabo de dos años para evitar el peligro de una dañina respuesta similar de sus competidores.
La respuesta de la Unión Europea, China y hasta México, han planteado imponer también aranceles en represalia, lo que impactaría a sectores como el de la agricultura estadounidense que es un sector clave en la política del país vecino.

México tendrá que aplicar medidas equivalentes a diversos productos como aceros planos (lámina caliente y fría, incluidos recubiertos y tubos diversos), lámparas, piernas y paletas de puerco, embutidos y preparaciones alimenticias, manzanas, uvas, arándanos, diversos quesos, maíz, entre otros,
En la próxima entrega se analizaran los efectos de los aranceles (impuestos al comercio de un producto) del país que lo aplica así como el que lo recibe.

Dr. Carlos Germán Palafox Moyers

Docente-Investigador del Departamento de Economía de la Universidad de Sonora y Consejero del Observatorio Ciudadano de Convivencia y Seguridad del Estado de Sonora (OCCSES).

 

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